Seis días de fiebre y ningún diagnóstico concluyente...
Oficialmente: migraña y virus de estómago.
Mi punto de vista: mi cerebro se ha rendido a la presión de tener que escribir todos los días sobre temas que poco a poco empiezo a comprender, aunque siempre tendrán una parte de misterio, como algunas de esas personas que, siendo cercanas, nunca llegaremos a conocer del todo.
A eso se suma una insurrección de mi cuerpo, que de repente ha decidido manifestar que está cansado y que, de momento, se baja del mundo, hasta que las vueltas que da no sean tan pronunciadas. Hasta que sólo haya giros suaves y que poco a poco te llevan hacia adelante.
La población que habita mi cuerpo, al parecer todo un batallón que se ha propuesto hacerme pasar un buen rato, aparte de ser combatida con el narcotráfico legal (también llamado medicamentos potentes y variados, de brillantes colores, con receta médica) contrasta mucho con la calma y la soledad de alrededor. Estoy en la edad en la que aún sería lícito llamar a gritos a mi madre en los delirios de la fiebre (me permitiré esa licencia hasta que sea madre, dentro de muchas lunas), pero el caso es que necesitaba tranquilidad. Algunas de mis amigas han hecho acto de presencia y buena compañía, otras ha desaparecido... son tiempos oscuros y ocupados entre nosotras, que quizá pasen o quizá no.
Pero dejarán huella, eso seguro