martes, 22 de abril de 2008

El Club de la Lucha (dialéctica)


Los malos momentos ayudan a unir y a devolver la paz a las orillas revueltas. Pero cuando la marea baja y se lleva consigo el duelo, el vilo o la preocupación, regresan los fantasmas de viejas rencillas y se instauran nuevos regímenes donde la palabra hiriente es la soberana absoluta (y absolutista).
Duele estar en medio de una lucha dialéctica en la que las palabras dañan como flechazos certeros. Duele ver a dos personas que se amaron tanto (que quizá aún se amen, aunque digan lo contrario) decir que ya no se emocionan ni se conmueven por el otro.
Anoche soñé que estaba tumbada en un banco de un parque de una ciudad inconcreta y desconocida, con los ojos cerrados y disfrutando de la calma y de la caricia del sol. Entonces se acercaban dos dobermann a olfatearme, uno de cada lado. Yo sabía que no tenía que asustarme, a pesar de las horrorizadas exclamaciones que escuchaba lanzar a la gente que pasaba por nuestro lado. Sabía que si abría los ojos o tensaba los músculos, o hacía el más mínimo movimiento, ellos percibirían mi miedo y yo no lo contaría.
A pesar de que en el sueño lograba controlarme y entrar en una especie de placentero sopor que me hacía salir de mi cuerpo y observar toda la escena a salvo, desde fuera (las extrañas sensaciones de los sueños, hay que vivirlas para saber cómo son), me he levantado aterrada...

miércoles, 16 de abril de 2008

Inspiración robada (II): Estar solo en medio de tantos


"Tengo una soledad
tan concurrida,
que puedo organizarla
como una procesión
por colores
tamaños
y promesas
Por época,
por tacto
y por sabor"
("Rostro de vos", Mario Benedetti)
La costumbre de vivir solo lo hace a uno animal de costumbres. De esos pequeños vicios inconfesables que ocultamos a la vista de todos. En mi caso no tiene nada que ver con no querer ser juzgada, sino más bien con no querer mostrar los momentos en los que mi cuerpo se toma pequeñas libertades.
Lo más dulce es arrancar a bailar cuando nadie mira, cuando nadie ve. Que el cuerpo muestre lo que sueña la mente, las ensoñaciones de momentos de intensa felicidad. Los pensamientos de otros tiempos que no llegaron nunca y que (probablemente) nunca llegarán, aunque sólo sea por pertenecer al terreno de lo inventado. En ellos soy más feliz, más inteligente, más humana, más deliciosamente imperfecta. Y más delgada, por supuesto, que por algo son mis sueños.
Mi cuerpo baila y mi mente viaja al sur, a tocar la guitarra en una playa. Mi cuerpo baila y mis amigos aparecen junto a mi justo después de dar por zanjada una relación. Mi cuerpo baila, mi alma le sigue. La técnica clásica de la danza no pinta nada aquí.
Pero ahora, en medio de soledades tan concurridas, entre mis padres, los perros, mi iracundo hermano y la abuela, el baile ha terminado.
Pero dentro de pocas lunas, será el tiempo de la venganza.
Volveré a bailar en soledad

miércoles, 9 de abril de 2008

Inspiración robada (I): Recuerdos y desmemorias


"Quizá la memoria no sea sino una adecuada gestión del olvido. En cualquier caso, la memoria y sus trampas son tema para cualquier cuento, puesto que todas las historias se nutren de lo que creemos recordar más que de los hechos en sí"
("Cosmofobia", Lucía Etxebarria)
Hay momentos en los que nos damos cuenta de que la memoria es una inquilina caprichosa de nuestra mente, a la que, cuando intentamos burlar, se nos aparece de forma tan vívida como cualquier objeto que podamos tocar con las manos. Sin embargo, a veces desearíamos recordar aquel fugaz instante de felicidad, aquel momento cargado de promesas de un futuro inmenso y luminoso, cierta ocasión en la que nos sentimos capaces de todo a pesar de las enormes dificultades... y es entonces cuando se nos escapa entre los dedos como un puñado de arena fina, recordándonos que lo efímero empieza dentro de cada uno de nosotros...

La vida mal aparcada (Epstein-Barr)


Todo tuvo que esperar a mi cuerpo. Aquí, a la orilla del mar, espero que mi organismo se regenere tras ingresos hospitalarios y reposos (casi) absolutos...
Últimamente mi universo se ha visto tocado por la varita oscura de la mala suerte, pero creo que todos necesitabamos hacer un alto en nuestras vidas para darnos cuenta de que vamos por el camino de la autodestrucción. Y es que la vida moderna es así de frenética, y a veces intentamos ser super hombres y super mujeres, en lugar de simples humanos, sólo para demostrarle al mundo que somos capaces de hacer todo sin dejarnos la piel en el intento.
En mi caso, pude matar el silencio, pero la palabra final que pronunció antes de exhalar su último aliento fue un virus tan silencioso como su dueño, que sin hacer ruido se ha enganchado de mí y se niega a soltarse...
Mal beso nos parta