jueves, 10 de julio de 2008

Buenos vientos en contra


"La vida es como la espuma. Por eso hay que darse, como el mar"
("Y tu mamá también")
Tener el viento en contra no siempre es malo. Cuando éste acaricia tus cabellos, empuja tu cuerpo, lucha por arrancarte la ropa, lo mejor es estirar los brazos y aprovechar el impulso que te es dado. Seguir hacia adelante.
A veces (muchas, muchas), las cosas no son como uno las espera, como las había soñado. A veces sólo queda quedarse en silencio y aguantar, esperar a que los vientos en contra no soplen con tanta fuerza como para no poder volar luchando contra la pared de aire.
Pero, también a veces, existen pequeños momentos, cosas que suceden a diario, que pueden ser efímeras y a las que no damos la importancia debida. Ver en los ojos de aquel desconocido el éxtasis de contemplar un nuevo atardecer me hizo darme cuenta. Era un NUEVO atardecer, un fenómeno tantas veces repetido pero siempre diferente, siempre cargado de matices imperceptibles para el ojo no acostumbrado al (o que ha olvidado el) placer que pueden dar a veces los pequeños milagros. El milagro de ser capaz, por un momento, de dejarme las cavilaciones en la orilla y lanzarme decidida al mar, para robar de las olas la fuerza necesaria para luchar contra los malos vientos en contra.
Ahora que ha llegado la noche, sólo puedo sentime agradecida, porque mañana podré recordar, con un NUEVO atardecer, que nunca hay que dejar de asombrarse con algo mágico, sólo porque sea habitual...

miércoles, 28 de mayo de 2008

Inspiración robada (III): La agonía y el éxtasis

"Un paisaje se conquista con las suelas del zapato, no con las ruedas del automóvil"
(William Faulkner)


Una mujer que estrena zapatos puede experimentar muchas cosas, pero hay algo común a casi todas: el dolor. Por unas horas, tu cuerpo descansa sobre delicadas estructuras más o menos sexys, más o menos aparatosas, más o menos coloridas. Todas dolorosas.

Aquella noche, eso sí, pudimos conquistar todos los paisajes con y sin zapatos, descalzas y con los pies negros (¡Y vaya pies!, como dijo alguna vez cierto chulapo). Y sin parar de bailar, por supuesto. Agitando las cabezas llenas de laca al ritmo de las guitarras que se abrieron paso, más o menos atronadoras. "Last night", decían los Strokes, pero aquella noche era mejor...

Y ver amanecer en un sofá, entre la hierba (y los árboles) del jardín, con chocolate caliente y Arcade Fire.


Grandioso

sábado, 17 de mayo de 2008

A corner in London, few days ago...


"The Masters of the Universe were a set of lurid, rapacious plastic dolls that his otherwise perfect daughter liked to play with. They looked like Norse gods who lifted weights, and they have names such as Dracon, Ahor, Mangelred and Blutong. They were unusually vulgar, even for plastic toys" ("The Bonfire of the Vanities", Tom Wolfe)
El mundo de arañas de cristal abrió otra de sus puertas. Esta vez, la luz que emanaba venía de un delumbrante mercedes plateado (con el volante a la derecha, conducido por la izquierda). Me puse mis pulcros trajes de batalla y codo a codo, en silencio, me abrí un pequeño hueco. Más que suficiente. Algunos mundos tienen el poder de dar vértigo cuando una se asoma a sus orillas. Y para orillas las del Thames. Bendita masa informe de gente de todos lados y condiciones. La verdadera City, esa de hoteles deslumbrantes y cuatro peticiones de dinero de desconocidos en menos de 10 minutos. Esa que siempre baña la lluvia y que por un día bañó un Sol a 25 grados (celsius, no me llegué a enterar cuántos en farenheit).
Volveré, pero esta vez en busca de lo real

martes, 22 de abril de 2008

El Club de la Lucha (dialéctica)


Los malos momentos ayudan a unir y a devolver la paz a las orillas revueltas. Pero cuando la marea baja y se lleva consigo el duelo, el vilo o la preocupación, regresan los fantasmas de viejas rencillas y se instauran nuevos regímenes donde la palabra hiriente es la soberana absoluta (y absolutista).
Duele estar en medio de una lucha dialéctica en la que las palabras dañan como flechazos certeros. Duele ver a dos personas que se amaron tanto (que quizá aún se amen, aunque digan lo contrario) decir que ya no se emocionan ni se conmueven por el otro.
Anoche soñé que estaba tumbada en un banco de un parque de una ciudad inconcreta y desconocida, con los ojos cerrados y disfrutando de la calma y de la caricia del sol. Entonces se acercaban dos dobermann a olfatearme, uno de cada lado. Yo sabía que no tenía que asustarme, a pesar de las horrorizadas exclamaciones que escuchaba lanzar a la gente que pasaba por nuestro lado. Sabía que si abría los ojos o tensaba los músculos, o hacía el más mínimo movimiento, ellos percibirían mi miedo y yo no lo contaría.
A pesar de que en el sueño lograba controlarme y entrar en una especie de placentero sopor que me hacía salir de mi cuerpo y observar toda la escena a salvo, desde fuera (las extrañas sensaciones de los sueños, hay que vivirlas para saber cómo son), me he levantado aterrada...

miércoles, 16 de abril de 2008

Inspiración robada (II): Estar solo en medio de tantos


"Tengo una soledad
tan concurrida,
que puedo organizarla
como una procesión
por colores
tamaños
y promesas
Por época,
por tacto
y por sabor"
("Rostro de vos", Mario Benedetti)
La costumbre de vivir solo lo hace a uno animal de costumbres. De esos pequeños vicios inconfesables que ocultamos a la vista de todos. En mi caso no tiene nada que ver con no querer ser juzgada, sino más bien con no querer mostrar los momentos en los que mi cuerpo se toma pequeñas libertades.
Lo más dulce es arrancar a bailar cuando nadie mira, cuando nadie ve. Que el cuerpo muestre lo que sueña la mente, las ensoñaciones de momentos de intensa felicidad. Los pensamientos de otros tiempos que no llegaron nunca y que (probablemente) nunca llegarán, aunque sólo sea por pertenecer al terreno de lo inventado. En ellos soy más feliz, más inteligente, más humana, más deliciosamente imperfecta. Y más delgada, por supuesto, que por algo son mis sueños.
Mi cuerpo baila y mi mente viaja al sur, a tocar la guitarra en una playa. Mi cuerpo baila y mis amigos aparecen junto a mi justo después de dar por zanjada una relación. Mi cuerpo baila, mi alma le sigue. La técnica clásica de la danza no pinta nada aquí.
Pero ahora, en medio de soledades tan concurridas, entre mis padres, los perros, mi iracundo hermano y la abuela, el baile ha terminado.
Pero dentro de pocas lunas, será el tiempo de la venganza.
Volveré a bailar en soledad

miércoles, 9 de abril de 2008

Inspiración robada (I): Recuerdos y desmemorias


"Quizá la memoria no sea sino una adecuada gestión del olvido. En cualquier caso, la memoria y sus trampas son tema para cualquier cuento, puesto que todas las historias se nutren de lo que creemos recordar más que de los hechos en sí"
("Cosmofobia", Lucía Etxebarria)
Hay momentos en los que nos damos cuenta de que la memoria es una inquilina caprichosa de nuestra mente, a la que, cuando intentamos burlar, se nos aparece de forma tan vívida como cualquier objeto que podamos tocar con las manos. Sin embargo, a veces desearíamos recordar aquel fugaz instante de felicidad, aquel momento cargado de promesas de un futuro inmenso y luminoso, cierta ocasión en la que nos sentimos capaces de todo a pesar de las enormes dificultades... y es entonces cuando se nos escapa entre los dedos como un puñado de arena fina, recordándonos que lo efímero empieza dentro de cada uno de nosotros...

La vida mal aparcada (Epstein-Barr)


Todo tuvo que esperar a mi cuerpo. Aquí, a la orilla del mar, espero que mi organismo se regenere tras ingresos hospitalarios y reposos (casi) absolutos...
Últimamente mi universo se ha visto tocado por la varita oscura de la mala suerte, pero creo que todos necesitabamos hacer un alto en nuestras vidas para darnos cuenta de que vamos por el camino de la autodestrucción. Y es que la vida moderna es así de frenética, y a veces intentamos ser super hombres y super mujeres, en lugar de simples humanos, sólo para demostrarle al mundo que somos capaces de hacer todo sin dejarnos la piel en el intento.
En mi caso, pude matar el silencio, pero la palabra final que pronunció antes de exhalar su último aliento fue un virus tan silencioso como su dueño, que sin hacer ruido se ha enganchado de mí y se niega a soltarse...
Mal beso nos parta

sábado, 15 de marzo de 2008

Parasitaria


Seis días de fiebre y ningún diagnóstico concluyente...
Oficialmente: migraña y virus de estómago.
Mi punto de vista: mi cerebro se ha rendido a la presión de tener que escribir todos los días sobre temas que poco a poco empiezo a comprender, aunque siempre tendrán una parte de misterio, como algunas de esas personas que, siendo cercanas, nunca llegaremos a conocer del todo.
A eso se suma una insurrección de mi cuerpo, que de repente ha decidido manifestar que está cansado y que, de momento, se baja del mundo, hasta que las vueltas que da no sean tan pronunciadas. Hasta que sólo haya giros suaves y que poco a poco te llevan hacia adelante.
La población que habita mi cuerpo, al parecer todo un batallón que se ha propuesto hacerme pasar un buen rato, aparte de ser combatida con el narcotráfico legal (también llamado medicamentos potentes y variados, de brillantes colores, con receta médica) contrasta mucho con la calma y la soledad de alrededor. Estoy en la edad en la que aún sería lícito llamar a gritos a mi madre en los delirios de la fiebre (me permitiré esa licencia hasta que sea madre, dentro de muchas lunas), pero el caso es que necesitaba tranquilidad. Algunas de mis amigas han hecho acto de presencia y buena compañía, otras ha desaparecido... son tiempos oscuros y ocupados entre nosotras, que quizá pasen o quizá no.
Pero dejarán huella, eso seguro

viernes, 14 de marzo de 2008

Dar muerte al silencio


Tenía buenas manos y quizá mejores intenciones. Pero era un asesino. Sí, lo era, porque mataba lentamente con su silencio, que pesaba como una reponsabilidad demasiado grande para cualquier ser vivo...

Sus ojos eran certeros entre las sábanas, ávidos, concretos, oscuros e infinitos como una sima de varios kilómetros de profundidad. Pero cuando el placer moría también lo hacía esa llama de humanidad. De repente ya no miraba de frente y tenía los ojos de un gris claro, difuminados. Y entonces sabía que llegaba el silencio. Como para ahuyentarlo fuimos unos amantes prolíficos, de los que rompen y rasgan las estadísticas. De los que se salen del mapa de lo común. Pero no era suficiente: su silencio lo dominaba todo, incluso a mí, la gran defensora de la comunicación, la ladrona de palabras e inspiraciones ajenas...

Entonces llegó aquella noche, unas horas oscuras como otras cualquiera en Madrid. Música en directo, que me enseñó que había vida más allá del silencio. Y todo se precipitó. Sus manos empezaban a conocer a la perfección aquel cuerpo que suelo despreciar con más frecuencia de la debida, que tanto me cuesta a veces reconocer como propio. Pero su silencio no quería conocer mi mente y aniquilaba mi ser, ese ser que sí reconozco (casi) por completo. Entonces me armé de valor y cobardía a partes iguales, y le asesté un golpe certero de pura verdad, esa que tan poco le gusta oir al común de los mortales: "no quiero tener historias fugaces con alguien que me considera tan insignificante y prescindible en su vida"

Así murió el silencio, aunque sé que una palabra bastará para hacerlo regresar

Pero no quiero

O sí quiero

Maldita seas, indecisión