(William Faulkner)
Una mujer que estrena zapatos puede experimentar muchas cosas, pero hay algo común a casi todas: el dolor. Por unas horas, tu cuerpo descansa sobre delicadas estructuras más o menos sexys, más o menos aparatosas, más o menos coloridas. Todas dolorosas.
Aquella noche, eso sí, pudimos conquistar todos los paisajes con y sin zapatos, descalzas y con los pies negros (¡Y vaya pies!, como dijo alguna vez cierto chulapo). Y sin parar de bailar, por supuesto. Agitando las cabezas llenas de laca al ritmo de las guitarras que se abrieron paso, más o menos atronadoras. "Last night", decían los Strokes, pero aquella noche era mejor...
Y ver amanecer en un sofá, entre la hierba (y los árboles) del jardín, con chocolate caliente y Arcade Fire.
Grandioso
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