
"La vida es como la espuma. Por eso hay que darse, como el mar"
("Y tu mamá también")
Tener el viento en contra no siempre es malo. Cuando éste acaricia tus cabellos, empuja tu cuerpo, lucha por arrancarte la ropa, lo mejor es estirar los brazos y aprovechar el impulso que te es dado. Seguir hacia adelante.
A veces (muchas, muchas), las cosas no son como uno las espera, como las había soñado. A veces sólo queda quedarse en silencio y aguantar, esperar a que los vientos en contra no soplen con tanta fuerza como para no poder volar luchando contra la pared de aire.
Pero, también a veces, existen pequeños momentos, cosas que suceden a diario, que pueden ser efímeras y a las que no damos la importancia debida. Ver en los ojos de aquel desconocido el éxtasis de contemplar un nuevo atardecer me hizo darme cuenta. Era un NUEVO atardecer, un fenómeno tantas veces repetido pero siempre diferente, siempre cargado de matices imperceptibles para el ojo no acostumbrado al (o que ha olvidado el) placer que pueden dar a veces los pequeños milagros. El milagro de ser capaz, por un momento, de dejarme las cavilaciones en la orilla y lanzarme decidida al mar, para robar de las olas la fuerza necesaria para luchar contra los malos vientos en contra.
Ahora que ha llegado la noche, sólo puedo sentime agradecida, porque mañana podré recordar, con un NUEVO atardecer, que nunca hay que dejar de asombrarse con algo mágico, sólo porque sea habitual...



