miércoles, 16 de abril de 2008

Inspiración robada (II): Estar solo en medio de tantos


"Tengo una soledad
tan concurrida,
que puedo organizarla
como una procesión
por colores
tamaños
y promesas
Por época,
por tacto
y por sabor"
("Rostro de vos", Mario Benedetti)
La costumbre de vivir solo lo hace a uno animal de costumbres. De esos pequeños vicios inconfesables que ocultamos a la vista de todos. En mi caso no tiene nada que ver con no querer ser juzgada, sino más bien con no querer mostrar los momentos en los que mi cuerpo se toma pequeñas libertades.
Lo más dulce es arrancar a bailar cuando nadie mira, cuando nadie ve. Que el cuerpo muestre lo que sueña la mente, las ensoñaciones de momentos de intensa felicidad. Los pensamientos de otros tiempos que no llegaron nunca y que (probablemente) nunca llegarán, aunque sólo sea por pertenecer al terreno de lo inventado. En ellos soy más feliz, más inteligente, más humana, más deliciosamente imperfecta. Y más delgada, por supuesto, que por algo son mis sueños.
Mi cuerpo baila y mi mente viaja al sur, a tocar la guitarra en una playa. Mi cuerpo baila y mis amigos aparecen junto a mi justo después de dar por zanjada una relación. Mi cuerpo baila, mi alma le sigue. La técnica clásica de la danza no pinta nada aquí.
Pero ahora, en medio de soledades tan concurridas, entre mis padres, los perros, mi iracundo hermano y la abuela, el baile ha terminado.
Pero dentro de pocas lunas, será el tiempo de la venganza.
Volveré a bailar en soledad

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